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El fin de la guerra siria

NUEVA YORK – Siria constituye actualmente la mayor catástrofe humanitaria y el punto conflictivo geopolítico más peligroso del mundo. El pueblo sirio está atrapado en un baño de sangre, con más de 400 000 muertos y 10 millones de desplazados.

Violentos grupos yihadistas respaldados desde el exterior saquean despiadadamente el país y se aprovechan de su población. Todas las partes involucradas en el conflicto —el régimen del presidente Bashar al-Assad, las fuerzas anti-Assad apoyadas por EE. UU. y sus aliados, y el Estado Islámico— han cometido y continúan cometiendo graves crímenes de guerra.

Es tiempo de encontrar una solución, pero esa solución se debe basar en una explicación realista y transparente de la causa inicial de la guerra.

Esta es la cronología: en febrero de 2011 se llevaron a cabo protestas pacíficas en las principales ciudades de Siria, como parte del fenómeno regional llamado «primavera árabe». El régimen de Assad reaccionó con una cambiante combinación de violenta represión (disparó a los manifestantes) y ofertas de reforma. Pronto, la violencia escaló. Los oponentes de Assad acusaron al régimen de usar la fuerza sin restricciones contra civiles, mientras que el gobierno señaló las muertes de soldados y policías como evidencia de que entre los manifestantes había yihadistas violentos.