7

Mantener en tierra en 2013 los aviones teledirigidos

LAHORE – Aunque en 2012 hubo una retirada acelerada de fuerzas de los Estados Unidos y de la OTAN en el Afganistán, un aspecto triste de esa guerra que se ha prolongado durante un decenio –el recurso a los ataques aéreos con aviones teledirigidos– continuó sin cesar. De hecho, se intensificaron dichos ataques y durante el pasado año la utilización por los Estados Unidos de la guerra mediante aviones teledirigidos en el Pakistán alcanzó un nivel sin precedentes. Al haber sido reelegido el Presidente Barack Obama, por lo que yo no está sometido a la presión de una campaña electoral, redundaría en provecho de los Estados Unidos –y, desde luego, de mi país, el Pakistán– aprovechar el primer año de su nuevo mandato para desacelerar la violencia.

Los ataques de los Estados Unidos con aviones teledirigidos en el Pakistán reflejan una mentalidad arrogante, que no distingue entre los culpables y los inocentes, entre los perpetradores y los afligidos y entre los delincuentes y los agraviados. Al descartar hasta la menor apariencia de justicia, dicha mentalidad pasa por alto el sufrimiento de los civiles amantes de la paz, que son la inmensa mayoría de los habitantes de las zonas tribales del Pakistán.

Los ataques de los EE.UU. con aviones teledirigidos han dejado un largo rastro de muerte de civiles inocentes, sin que nadie haya rendido cuentas al respecto. Esas máquinas que vuelan por control remoto están programadas para diezmar, brutal e indiscriminadamente. Es vergonzoso que un país conocido por sus valores democráticos y su compromiso sin igual con la libertad humana caiga tan bajo como para matar a hombres, mujeres y niños inocentes.

A consecuencia de ello, en lugar de ganarse los corazones y las mentes, los EE.UU., con el constante zumbido de los asesinos aviones teledirigidos, está infundiendo miedo a todas las almas de las zonas tribales. De hecho, resulta terriblemente irónico que esa estrategia sea totalmente contraproducente; los habitantes de las zonas tribales, con su pasado guerrero, acaban uniéndose a los militantes, justificando sus acciones como una yijad contra las fuerzas que ocupan el Afganistán y quienes las ayudan en el Pakistán.