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Einstein, el realista

OXFORD – Hace poco se descubrió que la expansión del universo se está acelerando, en vez de disminuir, como se pensaba antes. La luz proveniente de distantes estrellas en explosión reveló que una fuerza desconocida (apodada «energía oscura») sobrepasa con creces a la gravedad en términos cosmológicos

Inesperada para los investigadores, una fuerza tal había sin embargo sido anticipada en 1915 por una modificación que Albert Einstein propuso para su propia teoría de la gravedad, la teoría general de la relatividad. Pero luego desechó la modificación, conocida como la «constante cosmológica», considerándola la «mayor metida de pata» de su vida.

Así que los titulares proclaman: «Einstein tenía razón después de todo», como si los científicos debieran compararse como uno lo haría con los clarividentes: ¿Quién se diferencia del rebaño por conocer lo incognoscible, como los resultados de experimentos que aún estar por ser inventados (ni que hablar de su implementación)? ¿Quién, en retrospectiva, ha profetizado correctamente?

Pero la ciencia no es una competencia entre científicos; es un concurso de ideas, es decir, explicaciones de lo que realmente existe, sobre cómo se comporta y por qué. Esas explicaciones inicialmente se someten a prueba, pero no mediante experimentos sino a través de criterios de razonamiento, lógica, aplicabilidad y singularidad para resolver los misterios de la naturaleza de los que se ocupan. Las predicciones solo se utilizan para contrastar la pequeña minoría de explicaciones que sobreviven a esos criterios.