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Un general genial

WASHINGTON, DC – Si Ariel Sharon no se hubiera dedicado nunca a la política, seguiría siendo mundialmente famoso como comandante y táctico militar. En los dos papeles fue extraordinario, porque sus métodos divergían de los usos militares normales incluso en el original ejército israelí.

Pensemos en la guerra de Yom Kippur. El 16 de octubre de 1973, diez días después de que el ejército de Egipto sorprendiera a los israelíes cruzando el canal de Suez, Sharon convirtió la derrota en victoria al dirigir sus tropas al otro lado del canal por un estrecho espacio abierto en el frente egipcio. Los israelíes se extendieron rápidamente por la retaguardia de los egipcios, desbarataron las baterías antiaéreas y bloquearon las rutas de abastecimiento y refuerzos.

Al cabo de seis días, el Presidente de Egipto, Anwar Sadat, tuvo que suplicar un cese del fuego inmediato e incondicional: tantas unidades egipcias habían quedado aisladas, destrozadas por los ataques aéreos, atacadas o totalmente rodeadas, que no quedaban fuerzas importantes para detener el avance de los israelíes... ni siquiera para proteger el camino a El Cairo.

El alto mando egipcio estaba convencido de que el paso de Sharon sólo era una incursión nocturna por parte de fuerzas ligeras. Su razonamiento era correcto: como los israelíes ni siquiera controlaban su lado del canal, no podían reforzar la primera ola de unos centenares de hombres con un puñado de tanques. En lugar de retirar sus unidades al otro lado del canal para perseguir a los asaltantes israelíes, los comandantes egipcios creían que su fuerzas podrían capturarlos a todos convergiendo entre sí, con lo que habrían cerrado ese espacio de 3,2 kilómetros aprovechado por Sharon.