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Educar para el dinamismo económico

NUEVA YORK – Los dirigentes empresariales suelen decir que el ensanchamiento de la brecha educativa (esto es, la creciente diferencia entre lo que los jóvenes aprenden y las habilidades que demanda el mercado laboral) es un importante factor del alto desempleo y el lento crecimiento de muchos países. Por su parte, los gobernantes parecen convencidos de que el mejor modo de cerrar la brecha es aumentar la cantidad de estudiantes de las llamadas disciplinas básicas: ciencia, tecnología, ingeniería y matemática. ¿Será verdad?

La respuesta corta es no. De hecho, los dos argumentos principales a favor de la idea de que el mal desempeño económico es atribuible a deficiencias educativas son poco sólidos, en el mejor de los casos.

El primer argumento dice que las empresas no invierten en equipos más avanzados porque faltan trabajadores suficientemente capacitados para emplearlos. Pero no es así como funciona el desarrollo económico. Normalmente, las empresas comienzan a invertir, y los trabajadores, alentados por la posibilidad de mejores salarios, adquieren las habilidades necesarias sufragándolo de su propio bolsillo, o las empresas dan a sus empleados actuales y futuros la capacitación necesaria.

El segundo argumento dice que a Estados Unidos y otros países avanzados se les hace cada vez más difícil igualar las ventajas que los países en desarrollo obtuvieron de sus fuertes inversiones en mejoras de equipamiento, educación superior especializada y capacitación laboral. Pero esto también se contradice con la dinámica tradicional del comercio internacional, donde el éxito de un país no significa el fracaso de otro.