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Las tres revoluciones que necesita la economía

PARÍS– Occidente y la economía están en crisis. Las tasas de retorno sobre la inversión son muy bajas. Los salarios, y los ingresos en general, se están estancando para la mayoría. La satisfacción con el empleo va en descenso, especialmente entre los jóvenes, y más gente en edad laboral no quiere o no puede participar en la fuerza de trabajo. En Francia, muchos decidieron dar una oportunidad al Presidente Emmanuel Macron y hoy protestan contra sus políticas. Muchos estadounidenses decidieron lo mismo con Donald Trump y se han desilusionado. Y en Gran Bretaña muchos esperaban que el Brexit mejorara sus vidas.

Sin embargo, la mayor parte de los economistas han callado sobre las causas subyacentes a esta crisis y qué puede hacerse, si puede hacerse algo, para recuperar el vigor económico. Es seguro decir que las causas no se entienden muy bien, ni se entenderán hasta que finalmente los economistas asuman la tarea de cambiar el modo como se enseña y practica la economía. En particular, la profesión precisa de tres revoluciones a las que se sigue resistiendo.

La primera tiene relación con la constante desatención al conocimiento imperfecto. En los años de entreguerras, Frank Knight y John Maynard Keynes hicieron una adición radical a la teoría económica. El libro de Riesgo, incertidumbre y beneficio (1921) y el pensamiento de Keynes subyacente a su Teoría general del empleo, el interés y el dinero(1936) argumentaron que no existe ni puede haber una base para modelos que supongan que quienes toman decisiones cuentan con modelos correctos para hacerlo. Knight inyectó un futuro incierto y Keynes añadió la ausencia de coordinación, pero las generaciones subsiguientes de economistas teóricos por lo general pasaron por alto este avance. Hoy en día, y a pesar de algún trabajo importante para formalizar las observaciones de Knight y Keynes (particularmente por Roman Frydman y sus colegas), la incertidumbre –incertidumbre real, no varianzas conocidas- no se suelen incorporar a nuestros modelos económicos. (Por ejemplo, un influyente cálculo realizado por Robert J. Barro y Jason Furman hizo predicciones de la inversión empresarial resultante del recorte tributario a los beneficios corporativos de Trump sin considerar la incertidumbre knightiana.) Todavía no ocurre la Revolución de la Incertidumbre.

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