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La economía en la era de la abundancia

BERKELEY – Hasta hace muy poco, uno de los mayores desafíos que la humanidad enfrentaba era el de contar con suficientes alimentos. Desde los inicios de la agricultura hasta bien entrada la era industrial, la condición humana habitual era lo que los nutricionistas y expertos en salud pública describen como un grave y perjudicial estrés nutricional biomédico.

Hace unos 250 años, la Inglaterra gregoriana era la sociedad más rica que hubiera existido, sin embargo, la escasez de alimentos aún afectaba a grandes segmentos de la población. Los adolescentes enviados al mar por la organización benéfica Marine Society como sirvientes de los oficiales eran medio pie (15 centímetros) más bajos que los hijos de los aristócratas. Un siglo de crecimiento económico más tarde, la clase trabajadora en Estados Unidos aún gastaba 40 centavos de cada dólar adicional que ganaba para aumentar su consumo de calorías.

Actualmente, la escasez de alimentos ya no es un problema, al menos en los países con altos ingresos. En EE. UU., aproximadamente el 1 % de la fuerza de trabajo es capaz de cultivar suficientes alimentos como para cubrir las necesidades de toda la población con suficientes calorías y nutrientes esenciales, que son transportados y distribuidos por otro 1 % de la fuerza de trabajo. Eso, por supuesto, no tiene en cuenta a la totalidad de la industria alimenticia, pero la mayor parte de lo que hace el 14 % de la mano de obra restante dedicada a que los alimentos lleguen a nuestras bocas implica lograr que lo que comemos sea más sabroso o conveniente: son empleos más relacionados con el entretenimiento o el arte que con la necesidad.

Los desafíos que enfrentamos son ahora los de la abundancia. De hecho, cuando se trata de trabajadores dedicados a nuestras dietas, podemos agregar un 4 % de la fuerza de trabajo que, en calidad de enfermeros, farmacéuticos y educadores, nos ayuda a solucionar problemas derivados de haber consumido demasiadas calorías o los tipos de nutrientes equivocados.