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La "trumpización" de la política estadounidense

WASHINGTON, DC – Mientras republicanos y demócratas atraviesan el largo proceso de elegir un candidato para las elecciones presidenciales del próximo año, ambos partidos enfrentan el mismo interrogante. ¿El ánimo anti-establishment -hasta podría decirse anti-político- que hoy domina la contienda durará?

Por una vez, el Día del Trabajo (el primer lunes de septiembre) no fue el punto de demarcación de la carrera presidencial: los temas generales ya habían sido definidos. El rechazo del gobierno y los políticos tradicionales azotó a la contienda presidencial como un tornado en el verano, arrasando las campañas de algunos que, en algún momento, habían sido considerados contendientes serios.

Entre los republicanos este sentimiento, obviamente, no es ninguna sorpresa, dada la constante propensión del partido hacia la derecha y su antipatía consistente por el presidente Barack Obama. Pero le vino de perlas a un charlatán rico y ruidoso que se metió de lleno en la carrera presidencial atacando a los políticos convencionales con acusaciones de "estúpidos" e insistiendo en que sólo él sabe cómo hacer las cosas.

Quienes desestimaron a Donald Trump calificándolo de "bufón" no supieron ver que el hombre había leído astutamente el espíritu de época republicano y que sabe exactamente dónde clavarle el cuchillo a los competidores. Su descripción del ex gobernador de Florida Jeb Bush como un hombre de "poca energía" le ha infligido un daño real a un candidato que, para muchos -inclusive antes de que ingresara formalmente en la carrera presidencial- era el favorito.