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Asegurar los Juegos Olímpicos de Sochi

MOSCÚ – En 2007, cuando el presidente ruso, Vladimir Putin, viajó a Guatemala City con el fin de apoyar la candidatura de su país para organizar los Juegos Olímpicos de este año en Sochi, él sabía que ganar sería la etapa más fácil del proceso. Muchos bromeaban con el hecho de que solo Rusia propondría un centro vacacional costero de clima subtropical para llevar a cabo competencias de deportes de invierno. Pero, si bien las inquietudes por la falta de nieve en las montañas aledañas y por la capacidad de Rusia para construir a tiempo la infraestructura necesaria han disminuido desde que Rusia ganó dicha candidatura, una preocupación más grande sigue vigente: la amenaza del terrorismo.

Sochi está situada en la región del Cáucaso Septentrional, que tras la disolución de la Unión Soviética, experimentó una insurgencia armada brutal y larga en Chechenia, mientras que el vecino, Dagestan, particularmente, se convirtió después en cuna del terrorismo y extremismo islamista. De hecho, Putin ganó apoyo generalizado entre el pueblo ruso debido a su manejo resuelto y despiadado del separatismo en el Cáucaso Septentrional –apoyo que contribuyó a persuadir al entonces presidente, Boris Yeltsin, para designar a Putin como su sucesor en 1999.

Una vez en el poder, Putin –con una victoria militar y una política de reconciliación– pudo poner paz en Chechenia, que quedó más como un Kanato feudal asociado a Rusia que una verdadera parte de la Federación Rusa. Como resultado, durante los últimos doce años ha habido paz con Chechenia –y dentro de ella.

El terrorismo ha resultado ser un desafío más resistente. Mientras la guerra en Chechenia estaba llegando a su fin en 2002, terroristas del Cáucaso Septentrional tomaron de rehenes a cientos de personas en un teatro de Moscú. Asimismo, en 2004, un grupo armado capturó a cientos de niños en una escuela en Beslan, Ossetia del Norte. El número de muertos tan solo de estos dos ataques superó los quinientos.