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Sueños digitales

Hace unos años, una empresaria de internet fue arrestada en Ghana, se encarceló a sus empleados y se confiscó su equipo de cómputo. ¿Su delito? Ofrecer a los consumidores una manera de hacer llamadas telefónicas de bajo costo por internet.

El encuentro de esa empresaria con la ley ejemplifica la razón principal (además de los bajos ingresos) por la que salvar la llamada "brecha digital" entre países pobres y ricos es tan difícil. No es falta de equipo o de conocimientos. No, una gran parte de la brecha es resultado directo de políticas internas que inhiben el uso de internet y de la tecnología.

Aunque no debemos exagerar los beneficios de internet, puede reducir los costos empresariales, aumentar el acceso a la información y crear oportunidades. Como resultado, los países en desarrollo se enfrentan a una disyuntiva simple: aprovechar las nuevas tecnologías para estimular el crecimiento económico y mejorar la productividad o retrasarse aún más a medida que las empresas y consumidores de los países ricos adoptan cada día más los avances tecnológicos.

Los retos y oportunidades que las nuevas tecnologías presentan a los países en desarrollo se discuten mucho. Pero las formas en las que los gobiernos de esos países exacerban la brecha a través de sus propias políticas de regulación no se entienden tan claramente.