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Los países en desarrollo y la crisis mundial

NUEVA YORK – Es probable que éste sea el peor año para la economía mundial desde la segunda guerra mundial, pues el Banco Mundial calcula que la reducción será del 2 por ciento, aproximadamente. Incluso los países en desarrollo que hicieron todo bien –y aplicaron políticas reguladoras y macroeconómicas mucho mejores que las de los Estados Unidos– están sintiendo sus efectos.  Es probable que, a consecuencia en gran medida de una caída en picado de las exportaciones, China siga creciendo, pero a un ritmo mucho menor que el de entre 11 y 12 por ciento de crecimiento anual de los últimos años. A no ser que se haga algo, la crisis hundirá más en la pobreza nada menos que a 200 millones de personas.

Esta crisis mundial requiere una reacción mundial, pero, lamentablemente, el deber de reaccionar sigue circunscrito en el nivel nacional. Cada país intentará formular su plan de estímulo con vistas a las repercusiones en sus ciudadanos... y no a escala mundial. Al evaluar las mayores repercusiones del estímulo, los países contrapesarán los costos para sus presupuestos con los beneficios desde el punto de vista del aumento del crecimiento y del empleo para sus economías. Como una parte del beneficio (una gran parte en el caso de las economías pequeñas y abiertas) irá a parar a otros, es probable que los planes de estímulo sean menores y estén peor formulados de lo que deberían, razón por la cual se necesita un plan de estímulo mundialmente coordinado.

Ése es uno de varios mensajes importantes resultantes de una comisión de expertos de las Naciones Unidas sobre la crisis económica mundial, que presido y que recientemente presentó su informe preliminar a las Naciones Unidas.

En el informe se apoyan muchas de las iniciativas del G-20, pero se insta a la adopción de medidas más intensas y centradas en los países en desarrollo. Por ejemplo, si bien se reconoce que todos los países deben adoptar medidas de estímulo (ahora todos somos keynesianos), muchos países en desarrollo carecen de recursos para hacerlo, como también carecen de ellos las entidades crediticias internacionales.