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Democracia, responsabilidad y honor

Casi no hay día en que no sepamos de algún ministro de gobierno que renuncia a su cargo en algún lugar. En cierto sentido, eso no es sorprendente. Después de todo, sólo en la Unión Europea los veinticinco estados miembros dan empleo a cientos de ministros en su conjunto - e incluso más si se consideran los subsecretarios. Pero, ¿por qué renuncian los ministros? Y lo que es más interesante: ¿por qué algunos no renuncian cuando parece haber razones de peso para que lo hagan?

Ante la falta de investigaciones empíricas, debemos hacer generalizaciones basadas en conjeturas. Los ministros a menudo renuncian porque se ven involucrados en escándalos, frecuentemente relacionados, en tiempos recientes, con el financiamiento de partidos políticos. En Italia podemos encontrar varios fantasmas de tales delitos.

En ocasiones, los ministros renuncian por lo que ellos llaman "razones personales". Tales razones pueden ocultar factores más apremiantes, como sugiere la reciente dimisión del director de la CIA, George Tenet. Pero Tony Blair perdió a uno de sus mejores y más leales amigos en el gabinete, Alan Milburn, porque éste verdaderamente quería pasar más tiempo con su familia.

Blair también perdió a sus ministros de exteriores y de asistencia al desarrollo, Robin Cook y Clare Short, respectivamente. En su caso, fueron serias diferencias sobre política -en cuanto a la guerra de Irak-lo que hizo que se fueran, y Cook ciertamente busca regresar.