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Desafiar el Síndrome del Jardín del Edén

ACCRA –  Al volar a Takoradi, cuarta mayor ciudad de Ghana y centro industrial y comercial, una de las primeras cosas que uno advierte son las plataformas petroleras a lo largo de la costa, en lo que es un panorama cada vez más característico de la actual África.

Cerca de allí, en la ciudad de Elmina, uno puede ver las cicatrices del pasado. Una extraña sensación persiste en nuestro interior, después de haber terminado el recorrido por los calabozos del tristemente célebre Castillo de Elmina, centro neurálgico del antiguo comercio de esclavos de África Occidental.

El mes pasado me reuní en Ghana con ministros que me dieron a conocer impresionantes cifras de cuánto ha avanzado el país en el logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Algunos líderes tradicionales, académicos, representantes de grupos de la sociedad civil y estudiantes, por el contrario, estaban más preocupados de si la nueva riqueza petrolera del país beneficiaría al ciudadano de la calle.

¿Es el petróleo una bendición o una maldición? ¿Harán el petróleo y otros recursos naturales que Ghana, que está entre los principales productores de cacao, café y palma aceitera, dé la espalda a la agricultura? ¿Creará la riqueza del petróleo una cleptocracia que se asiente sobre 30 años de progreso en el cumplimiento de los criterios estándar de buen gobierno?