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Reducir ahora para ahorrar más adelante

WASHINGTON, D.C. – Los bancos centrales de todo el mundo han reaccionado por fin ante la crisis financiera mundial al preparar una reducción coordinada de los tipos de interés de medio punto. Es algo digno de beneplácito, pero se necesita mucho más… y rápidamente. Si se aplican ahora unas reducciones radicales de los tipos de interés, pueden tener aún un importante efecto positivo. Si se retrasan, es probable que su efecto sea mínimo.

En general, los bancos centrales más importantes del mundo han reaccionado lentamente ante la profundización de la crisis. Esa actitud refleja el predominio de la economía  tradicional, que ha producido una uniformización del pensamiento colectivo dentro de la comunidad mundial de bancos centrales. A consecuencia de ello, los bancos centrales no han visto el maremoto financiero que se acercaba e incluso después de que llegara han seguido combatiendo en la última guerra contra la inflación.

El Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra han sido los mayores culpables. No es de extrañar, pues los bancos centrales europeos son los que más se atienen al pensamiento tradicional y han sido los más obsesionados con la inflación. También explica por qué la Europa continental ha tenido tan altas tasas de desempleo durante tanto tiempo.

La Junta de Gobernadores de la Reserva Federal de los Estados Unidos ha hecho un trabajo mucho mejor, aunque también a trompicones, jugando una y otra vez a tula con una crisis que se ha mantenido persistentemente a un paso por delante de la política. Esa tónica refleja la propia obsesión de la Reserva Federal con la estabilidad de los precios, que fomenta los aumentos preventivos de los tipos de interés para contener la inflación, pero limita reducciones preventivas equivalentes para contener el desempleo.