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Llorar por la derramada Parmalat

En la guerra de valores entre los Estados Unidos y gran parte del mundo, la buena gestión empresarial desempeña un papel importante. Visiones diferentes de la gestión del capitalismo reflejan y en algunos casos alimentan el resentimiento para con los Estados Unidos. En el decenio de 1990, parecía que el resto del mundo quería llevar los negocios al modo americano, con mercados activos de capitales y jefes de empresas atentos a los intereses de los accionistas. Con frecuencia se denominaba simplemente "mundialización" a esa americanización.

Después hubo una reacción, alimentada en gran medida por el desastre de Enron y otros escándalos empresariales. Gran parte del mundo empezó a apartarse de la forma americana de llevar los negocios. Los europeos y los asiáticos afirmaron con renovada energía que su modelo capitalista entrañaba un mayor compromiso con los valores y una visión a largo plazo. Se desestimó el valor representado por los accionistas como una moda pasajera y un fraude.

En la Europa continental y partes de Asia siempre ha habido una concepción de los valores empresariales básicos centrada en instituciones duraderas, en particular la familia. De hecho, la familia extensa sigue siendo fundamental incluso en el sector de las grandes empresas. Según un cálculo reciente, 17 de las 100 mayores empresas de Alemania están en manos de una familia y en el caso de Francia e Italia son 26 y 43, respectivamente.

Al comienzo del siglo XXI, en la Europa continental se reafirmaron los intereses familiares de forma sorprendente con la destitución de directores que parecían haberse vuelto demasiado americanizados. En Alemania, la familia Mohn destituyó al director general de Bertelsmann, Thomas Middelhoff, quien quería convertir una empresa familiar en una empresa casi desnacionalizada. En Francia, Jean-Marie Messier fue destituido de Vivendi Universal por razones similares y la dinastía Lagardère intento recuperar el control. A diferencia de Messier, se consideraba a los Lagardère profundamente franceses. Al entierro de Jean-Luc Lagardère en 2003 asistieron la esposa del Presidente Jacques Chirac, el Primer Ministro y cinco ministros.