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El susto inflacionario causado por el COVID

BRUSELAS – La inflación de los precios al consumidor en la eurozona se aceleró aún más en el mes septiembre de este año, llegando a una tasa del 3,4% interanual, su nivel máximo en 13 años, lo que provocó una ola de titulares alarmistas. La inflación anual en Estados Unidos se situó en agosto en el 5,3%. Por lo antedicho, la pregunta que se debe hacer es: ¿hasta qué punto deberían preocuparse los formuladores de políticas europeos y estadounidenses por un posible aumento prolongado de la inflación?

Al menos en la eurozona, los actuales titulares sobre los niveles de inflación son de esperar. La experiencia sugiere que una crisis económica conduce primero a un susto deflacionario y luego a uno inflacionario. Luego del desastre dejado por la crisis financiera mundial del año 2008, a continuación de las preocupaciones deflacionarias que surgieron cuando la recesión posterior tocó fondo llegaron las  preocupaciones por un repunte de la inflación durante el consiguiente período de recuperación.

Un patrón similar se puso de manifiesto en la crisis del COVID-19. Durante parte del año pasado, los precios en la eurozona estuvieron cayendo, y se hablaba de los persistentes efectos deflacionarios de la pandemia.

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