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La farsa democrática de China

China es un país notable por mantener sus asuntos en secreto. La mecánica de su gobierno es inescrutable. La constitución dice que el poder le pertenece al pueblo, pero en realidad los derechos del pueblo son propiedad del Partido Comunista y sus líderes, que prestan escasa atención a los trabajadores y campesinos. El PCC afirma haber llevado a cabo una revolución democrática, pero el país sigue siendo uno de los menos democráticos del mundo. Tan irreconciliables son estas paradojas, que el 16to. Congreso del Partido, que se realizará la próxima semana, no puede sino quedar expuesto como una farsa democrática.

Los más altos cargos del partido cambiarán de manos en el Congreso, lo que incluye al Presidente de la Comisión Militar Central, el Secretario General del Partido, y varios miembros del Comité Permanente del Politburó. De acuerdo con la Carta del PCC, todos estos cargos (excepto el liderazgo de la Comisión Militar) deben ser elegidos por los votos de los miembros del 16to. Comité Central. A su vez, el 16to. Congreso del Partido debe elegir al 16to. Comité Central, los representantes al Congreso del Partido deben ser elegidos por cada congreso provincial del partido, y así sucesivamente.

En la práctica, estas elecciones se caracterizarán por la opacidad y la ausencia de cualquier proceso democrático real. De hecho, las únicas elecciones en China en las cuales los votantes eligen de manera genuinamente independiente de entre los candidatos ocurren a nivel del comité de la aldea, pero esta mascarada democrática se pone en escena básicamente para que la miren los observadores externos. Todas las demás elecciones chinas comparten dos características principales: los candidatos se seleccionan para garantizar la permanencia de los líderes del partido, y los líderes deciden la cantidad de candidatos.

China tiene dos tipos de elecciones: "elecciones de cuota equivalente" y "elecciones de cuota diferencial". En las elecciones de cuota equivalente, los líderes presentan tres candidatos, dejando a los votantes la tarea de elegir uno. Esta es una regla sagrada de la política china y se considera completamente legítima. En los últimos 50 años, todas las autoridades "electas", incluidos Mao Zedong y Deng Xiaoping, fueron designadas de maneras que daban la ilusión de una opción, pero sin el elemento de incertidumbre.