La mejor esperanza de China

El año 2008 no será recordado principalmente por actos nobles o heroicos. Sin embargo, entre las noticias comunicadas en los últimos meses de fraude financiero, derramamiento de sangre en la India y Gaza y desastres económicos mundiales, una de ellas ha sobresalido por la valentía y la nobleza a la que se refería. El 10 de diciembre, en el 60º aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, más de 300 ciudadanos chinos, entre ellos profesores de Derecho, hombres de negocios, agricultores e incluso funcionarios del Estado,  incluyeron sus nombres en un documento extraordinario, titulado Carta 08.

Los firmantes, a los que más adelante se sumaron varios miles más, preguntaban hacia dónde se dirigía China en el siglo XXI: “¿Seguirá con la “modernización” bajo un gobierno autoritario o abrazará los valores humanos universales, se sumará a la corriente principal de las naciones civilizadas y creará un sistema democrático?”

Nada incendiario hay en la Carta 08, ningún llamamiento a la rebelión violenta ni sed de venganza ni de represalias. Simplemente pide lo que los ciudadanos de todas las democracias liberales dan por supuesto: el derecho a poner en tela de juicio las políticas gubernamentales, la protección de los derechos humanos, una judicatura independiente y elecciones multipartidistas.

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