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La mala apuesta de China contra los Estados Unidos

CAMBRIDGE – Las relaciones chino-americanas vuelven a pasar por horas bajas. China protestó por que el Presidente Barack Obama recibiera al Dalai Lama en la Casa Blanca, como también por que su gobierno vendiese armas a Taiwán. Había amplios precedentes de las dos decisiones americanas, pero algunos dirigentes chinos esperaban que Obama fuera más sensible a los que China considera sus “intereses fundamentales” en la unidad nacional.

No era de esperar que la situación cobrara ese cariz. Hace un año, el gobierno de Obama hizo importantes esfuerzos para extender la mano a China. La Secretaria de Estado, Hillary Clinton, habló de “estar en el mismo barco” y de que China y los Estados Unidos “subirían y bajarían juntos”. El Secretario del Tesoro, Timothy Geithner, dijo que pasaba más tiempo consultando a sus homólogos chinos que a los de ningún otro país. Algunos observadores se refirieron incluso a un “G2” chino-americano que dirigiera la economía mundial.

La idea del G2 siempre fue absurda. Europa tiene una economía mayor que los Estados Unidos y que China y la economía del Japón es actualmente del mismo tamaño que la de China. La participación de esos países en la solución de los problemas mundiales será esencial. No obstante, el aumento en el año pasado de la cooperación chino-americana dentro del G20 fue una señal positiva de cooperación bilateral, además de multilateral.

Independientemente de las preocupaciones que susciten los recientes episodios relacionados con el Dalai Lama y Taiwán, es importante observar que el deterioro de las relaciones chino-americanas comenzó ya antes. Muchos congresistas americanos, por ejemplo, se quejan de que la intervención de China en los mercados de divisas para mantener un valor artificialmente bajo del yuan está destruyendo puestos de trabajo americanos.