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Unidos contra el extremismo

LONDRES – Gobiernos de todo el mundo encaran cada vez más una cuestión fundamental: ¿cómo abordar las causas del extremismo violento –que a menudo tiene orígenes religiosos? Consejos no les faltan –y de una amplia gama de fuentes.

Por ejemplo, un miembro de Al Qaeda señaló hace poco por qué el fracaso de las autoridades británicas para explicar adecuadamente las razones por las que no intervino en la guerra civil siria conllevaba el riesgo de una  mayor radicalización de musulmanes. Mientras tanto, el alcalde de Londres, Boris Johnson, sugería separar a niños de padres radicales. Si bien dichas ideas generaron puntos de vista diversos, son una señal positiva de que es necesario discutirlas públicamente.

Muchas personas reconocen la necesidad de respuesta de parte de servicios de seguridad a actos terroristas, en particular después de un ataque. Sin embargo, un cambio duradero requiere de abordar no solo las consecuencias del extremismo, sino también sus orígenes. ¿Qué se puede hacer?

Primero, los gobiernos tienen que empezar a concebir la educación como un asunto de seguridad. Por ejemplo, en lugar de inquietarse permanentemente por la existencia de contenidos en línea peligrosos, podríamos hacer más para educar a nuestros jóvenes a fin de que cuenten con destrezas de análisis necesarias para ignorar dichos contenidos.