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El duelo al sol del capitalismo

La shadenfreude de Europa debida al caso Enron se ha acabado. Lo han logrado los escándalos de Vivendi, el año pasado, y Parmalat, este año. Europa, como los Estados Unidos -como todo el mundo capitalista, de hecho- debe adoptar ahora una actitud más dura al exigir el procesamiento y el castigo de los jefes que saquean sus empresas.

Los fiscales americanos en el caso Enron han logrado grandes avances últimamente, pues algunos importantes granujas, como Andrew Fastow, se han ofrecido a declararse culpables y a presentar testimonio contra sus antiguos colegas. El Sr. Fastow irá a la cárcel por diez años; aquellos contra los que presente testimonio afrontarán sentencias aún más largas.

Los fiscales italianos parecen absolutamente dispuestos a hacer pagar un precio similar a los que saquearon Parmalat, pero esos casos transcienden el ámbito de las empresas robadas y los accionistas traicionados. Lo que está en juego es nada menos que la impresión de imparcialidad del mercado y el apoyo político en todas partes a las políticas orientadas al mercado.

Las economías capitalistas producen desigualdades, en muchos casos muy grandes. Hasta cierto punto, y en la medida en que las diferencias de renta se deben a diferencias en capacidad, esfuerzo, inversión en educación, etc., son necesarias con vistas a brindar los incentivos correctos para invertir, trabajar, innovar y crecer.