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El autosabotaje de Perú

SAN MARCOS – Perú es famoso en todo el mundo por ser la cuna de la civilización incaica y por su exquisita cocina. Pero hay otra característica de la que también puede alardear: es una de las economías de más rápido crecimiento de Latinoamérica, con un incremento interanual del PIB del 4,8% en el primer trimestre de 2014. Sin embargo, la prosperidad de Perú a largo plazo no está garantizada.

De hecho, el crecimiento económico de Perú (que depende en gran medida de la exportación de materias primas e hidrocarburos) ya se viene frenando respecto de las tasas anuales de entre 5,5 y 6,9% que registró los últimos tres años. Y a pesar de que el gobierno reconoce la necesidad de encarar reformas que alienten el crecimiento, su enfoque de la cuestión es completamente errado.

En concreto, el presidente Ollanta Humala obtuvo hace poco aval legislativo para una serie de medidas “realistas”, con el objetivo de reducir un exceso de burocracia que presuntamente traba la inversión en industrias extractivas; precisamente las industrias de las que la economía necesita volverse más independiente. La nueva ley menoscaba seriamente la capacidad del Estado peruano para regular el uso de la tierra, fijar normas de calidad ambiental y poner freno mediante evaluaciones de impacto ambiental a los abusos corporativos.

El gobierno peruano se enfrenta ahora a un serio problema. Además de disminuir la credibilidad internacional de Perú como “líder climático” (imagen que algunos miembros del gobierno tratan de cultivar), la ley pone en riesgo el entorno natural de Perú y sus perspectivas de crecimiento económico.