0

Gran Bretaña en el camino de la negación

SANTIAGO – Si visita Londres por estos días notará algo extraño: mientras más se viene abajo la economía británica, con mayor vehemencia insisten los Ministros del gobierno de David Cameron y los economistas conservadores en que los recortes draconianos al gasto públicos son favorables para el crecimiento económico.

Algunos observadores perciben esta postura como un acto de fe (presumiblemente en las virtudes del libre mercado). Otros, como el economista Paul Krugman, lo ven como un acto de mala fe: los conservadores solo quieren reducir el tamaño del estado, sin importar las consecuencias que tenga para el crecimiento.

Pero… ¿hay un argumento serio que justifique recortar el gasto público para estimular una economía? La respuesta es sí. De hecho, hay dos argumentos. La investigación académica ha demostrado anteriormente que los dos funcionan en la práctica –por ejemplo, en Irlanda y en Dinamarca durante los años ochenta. Por desgracia para los conservadores, ninguno de los dos se aplica a la situación  de Gran Bretaña hoy.

El primero de los argumentos enfatiza la relación entre la política fiscal y la monetaria. En un país con un amplio déficit fiscal, el banco central debe mantener elevadas las tasas de interés para controlar la inflación. En este escenario, los recortes al gasto crean un margen para que las tasas de interés caigan. Si el país tiene un régimen cambiario flotante, la moneda además se deprecia.