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La primera invasión inglesa de Iraq

La primera intervención inglesa en lo que actualmente es Iraq ocurrió a principios de la Primera Guerra Mundial. En un primer momento, los objetivos de Inglaterra se limitaban a la protección de su suministro de petróleo. Pronto se ampliaron hasta incluir la captura de Bagdad, capital de la provincia de Mesopotamia del Imperio Otomano, y el territorio más allá de esa ciudad.

Cuando la Turquía otomana entró a la guerra en octubre de 1914, una fuerza expedicionaria enviada de la India británica avanzó desde su base en el Shatt-al-Arab, la salida de Iraq al Golfo Pérsico. Las instalaciones petroleras de Abadán fueron tomadas el 7 de noviembre de 1914. La ciudad de Basora, a 30 kilómetros de la costa sobre el Eufrates, fue ocupada el 22 de noviembre, después de la derrota de una oposición más firme.

Dado que la resistencia turca fue más débil de lo esperado, los ingleses comenzaron a pensar en ampliar su control de Mesopotamia. Las primeras operaciones ofensivas de 1915 fueron exitosas ya que expulsaron a los turcos de Ahwaz, al este, y dejaron los pozos petroleros persas bajo el control de los ingleses. En marzo de 1915, dos divisiones de infantería y una brigada de caballería avanzaron hacia el norte sobre los ríos Tigris y Eufrates hacia Kut.

El objetivo inmediato era asegurar la posición inglesa ampliando el control sobre toda la Baja Mesopotamia, aunque Bagdad siempre fue considerada la meta final. El 31 de mayo, 11,000 efectivos bajo el mando del General Charles Townshend tomaron Almara, 150 kilómetros al norte sobre el Tigris. Los soldados llegaron en una flotilla de embarcaciones nativas conocida como la "regata de Townshend", ya que el río era la única ruta conveniente hacia el norte. Sobre el Eufrates hubo un avance similar, con una fuerza menor protegiendo el flanco de Townshend. Después de un mes de dura lucha en el calor del verano, Nasiriya fue capturada en julio de 1915.