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Las dos preguntas de Brexit

MADRID – Dentro de tres meses, aproximadamente, se preguntará a los ciudadanos británicos si desean permanecer en la Unión Europea o abandonarla. Aunque solo ellos están llamados a contestar, el referéndum nos plantea –en cierto modo– dos cuestiones al resto de europeos.

En primer lugar, nos hace preguntarnos qué opción deseamos que resulte vencedora. Hay quienes han sugerido que a la Unión Europea no le interesa tener un socio como el Reino Unido. Aun sin compartir esta opinión, no podemos ser ingenuos y debemos considerar uno de sus  argumentos: aunque el resultado del referéndum fuera un sí a la permanencia, Reino Unido mantendría su intención de recuperar soberanía. Es indudable que todas las consideraciones sobre las desventajas de pertenecer a la Unión, así como las promesas sobre los beneficios de una eventual escisión, se mantendrían en el discurso y en la opinión pública. Aunque gane el “sí” a la UE, habrá un porcentaje de la población –elevado, según las previsiones– que seguirá pensando que el “no” hubiera sido mucho más deseable.

Por tanto, cabe esperar que, durante los próximos años, los límites y las condiciones a la Unión Europea estén presentes en los debates y las negociaciones, dentro y fuera de Reino Unido. A la Unión Europea no le bastaría con evitar este bache, que no es precisamente pequeño, sino que tendría que mantener durante años una labor constante de reafirmación.

Sin embargo, esta asunción no puede llevarnos a desear que venza la campaña por la salida del Reino Unido. Si la respuesta fuera negativa, es decir, si la mayoría de los británicos decidiera abandonar la UE, las consecuencias serían mucho peores, para unos y para otros. El impacto económico es el analizado con mayor frecuencia, pero no es el único. En términos de seguridad, un ámbito que en la actualidad requiere toda nuestra atención, la salida del Reino Unido debilitaría la política exterior y de seguridad europea y también la británica. Las amenazas a la seguridad, comunes a todos los europeos, son difícilmente abordables en solitario. Es precisamente ahora cuando vemos, de manera más palpable que nunca, la urgencia de desarrollar decididamente una política exterior y de seguridad común. Los últimos desafíos han puesto en evidencia la dificultad de alcanzar consensos entre los países europeos en torno a nuestra acción en el exterior. La considerable agitación que causaría en los demás Estados miembros la salida del Reino Unido reduciría, en mayor medida, la voluntad de cooperación entre ellos, con el correspondiente deterioro de la seguridad y la influencia internacional de todos los países europeos.