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Es muy fácil echarle la culpa al Islam

Los ataques terroristas sobre los Estados Unidos y la guerra en contra de los talibanes han generado amplias especulaciones sobre la relación entre la cultura y el desarrollo económico. Entre ellas destaca la pregunta sobre si el mundo islámico es incapaz de modernizarse porque su cultura está atrapada en la Edad Media. ¿Es el escaso desarrollo económico en gran parte de Medio Oriente y Asia Central producto de prácticas religiosas que son hostiles al crecimiento económico?

Lo que usualmente se dice es que el mundo islámico no pasó por un proceso como el de la Ilustración europea, cuando se separaron Estado y religión, se adoptaron ideas científicas modernas y cambiaron las actitudes culturales hacia las mujeres. Como resultado, se alega, el mundo islámico no puede responder a las demandas de la modernización, ni en tecnología ni en prácticas culturales, como conceder derechos a las mujeres, lo que es necesario para el éxito económico en el mundo moderno.

Como siempre sucede con las generalizaciones, hay elementos de verdad mezclados en una gran masa de confusión. La verdad es que ciertas prácticas culturales fomentan la modernización económica. Entre ellas se encuentran la tendencia a una mayor igualdad entre hombres y mujeres y los papeles que desempeñan en la sociedad; una cultura que recompensa los logros educativos con un estatus social más alto; la secularización de muchos aspectos de la vida contemporánea, incluyendo la preeminencia de las ciencias modernas; y prácticas culturales que favorecen la mobilidad social en las opciones de empleo. Lo falso es creer que algunas culturas son estáticas y enemigas del cambio, mientras que otras son de alguna forma únicas en su modernidad.

En todas partes del mundo, las culturas se han tenido que ajustar a los cambios que se han dado en los últimos doscientos años en la organización económica, la tecnología y el conocimiento científico. En Europa occidental y los Estados Unidos, por ejemplo, la aceptación cultural de la igualdad social y económica entre hombres y mujeres ha requerido un largo proceso de luchas políticas y de evolución de las normas sociales. El ritmo del cambio ha tenido grandes variaciones en distintas regiones y subgrupos culturales.