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Más allá de la brecha de género

La primavera pasada, The Economist pregonó "el poder de la mujer" como la fuerza impulsora para la economía mundial. Pero si la economía de Europa ha de volverse más competitiva e innovadora, no basta con que las mujeres ingresen al mercado laboral en manada. Para recoger los frutos plenos de los talentos de las mujeres, también deben ocupar más puestos jerárquicos, tanto en el sector público como privado.

Hace mucho tiempo que las mujeres en Europa occidental achicaron la brecha educacional con sus pares masculinos. Las mujeres no sólo superan a los hombres en las universidades; también los aventajan, principalmente en matemáticas, física y ciencias de la información. Pero los logros académicos de las estudiantes mujeres no aumentaron la presencia femenina en los puestos jerárquicos. En Europa, el porcentaje de mujeres en juntas corporativas sigue siendo de un solo dígito, como sucede en los cargos jerárquicos del gobierno y el contexto académico.

Mientras que en Estados Unidos casi uno de cada cinco gerentes corporativos son mujeres, en Europa continental la relación entre mujeres y hombres en los directorios de las empresas es de 1 a 20 o peor. La situación es apenas mejor en el ámbito de la ciencia. Uno de cada diez profesores en Europa pertenece al sexo femenino. En Estados Unidos, la relación es -nuevamente- más favorable para las mujeres: más del 20% de los profesores en las universidades norteamericanas son mujeres.

Europa no puede permitirse desperdiciar cualquier capital humano valioso en un momento en que China y la India crecen y su propia población está envejeciendo. Las primeras personas nacidas durante la posguerra llegaron a la edad de jubilarse y la fuerza laboral pronto se achicará en la mayor parte de Europa. Para cubrir los costos del envejecimiento y mantener su posición como potencia económica, Europa debe aumentar de manera considerable la participación laboral en general.