Berlusconi a raya

Silvio Berlusconi, quien se convertirá en Presidente de la Unión Europea el 1 de julio, es un visionario al que alguna vez le gustaron los riesgos, y cuyas apuestas empresariales le dieron muy buenos resultados. En la década de los sesenta, fue el primero en darse cuenta que Milán, en ese entonces una ciudad italiana tradicional donde la gente iba a trabajar a pie, se convertiría en una metrópolis moderna, rodeada de suburbios de estilo estadounidense. Así, comenzó a hacer su fortuna en los bienes raíces.

Quince años después, Berlusconi comprendió que el monopolio del Estado italiano sobre la televisión no sobreviviría y puso en marcha lo que se habría de convertir en el grupo privado de medios de comunicación más importante de Italia. Pero no se puede tener éxito en la televisión y en los bienes raíces sin los contactos políticos adecuados. En ambas ocasiones, Berlusconi fue más listo que sus competidores al aliarse con los socialistas, que en ese momento eran los astros de la vida política italiana. Su alianza con Bettino Craxi, el político más influyente de Milán en los años setenta y Primer Ministro de Italia durante gran parte de los ochenta, empezó hace mucho tiempo.

Por otra parte, el tener conexiones políticas no lo convierte a uno en político. En efecto, el salto de los negocios a la política tal vez no fue por elección suya. Para mediados de los años noventa, su grupo empresarial estaba en problemas, debilitado por la excesiva diversificación (la decisión de ingresar al negocio de la distribución al menudeo estuvo a punto de destruir al grupo). Casi al mismo tiempo, el ex-premier Craxi huyó a Túnez, perseguido por los tribunales italianos durante el apogeo de las investigaciónes mani pulite (manos limpias) sobre la gran red de corrupción conocida como Tangentopoli (Sobornópolis).

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