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Beijing contra el magnate

BANGKOK – El gobierno de China y el hombre más rico de Hong Kong, el muy admirado Li Ka-shing, han estado enfrascados en una ácida disputa que parece cada vez más un amargo divorcio escenificado en los tabloides. De hecho, últimamente los medios de comunicación chinos han ido lanzando una constante serie de ataques a Li. ¿Su “crimen”? Comprar a bajos precios en Europa y vender a precios más altos en China, es decir, actuar como un inversionista.

Lo que gatilló esta oleada de desdén fue que Li vendiera algunas de sus propiedades de primera calidad en Shanghái tras cambiar su sede social desde Hong Kong a las Islas Caimán. Se trata de una decisión de negocios totalmente mundana y racional que busca reducir su carga tributaria. De hecho, cerca de un 70% de las compañías con presencia en la Bolsa de Hong Kong están registradas en el Caribe, e incluso algunas de las grandes empresas de China continental, como el gigante de Internet Alibaba, se encuentran registradas en paraísos fiscales extraterritoriales.

Sin embargo, en la pueril narrativa de los medios chinos, esto pone al descubierto la “ingratitud” y “falta de patriotismo” de Li. Afirman que está “abandonando” a China, que le permitió salir de la extrema pobreza hasta convertirse en uno de los hombres más adinerados del mundo, cuando el país más lo necesita.

Esta absurdo argumento pasa por alto el hecho de que Li ya era una de las personas más ricas del mundo antes de incluso invertir en China. Lo que sea tal vez más importante es que no reconoce que los terrenos de su propiedad en China siguen sumando más de 20 millones de metros cuadrados (cerca de un cuarto del área de Manhattan) y que la cantidad de tiendas minoristas que posee en China se ha elevado en un 70% en dos años.