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Ganándole a la adicción de la guerra contra las drogas

BUENOS AIRES – En enero, el presidente estadounidense, Barack Obama, nombró al teniente general del Cuerpo de Marines John F. Kelly para dirigir el Comando Sur de Estados Unidos. Con base en Miami, Florida, el Comando Sur dirige operaciones militares en toda América Latina y el Caribe, y es el "guerrero contra las drogas" fundamental de Estados Unidos en la región. El interrogante clave entre todos los líderes civiles y militares del área es si el cambio de comandantes traerá consigo un cambio en el diseño y manejo del tema del tema de narcóticos.

La primera prioridad del Comando Sur es combatir el narcotráfico desde los Andes hasta el Río Grande. Con el final de la Guerra Fría, la lucha contra el comunismo dejó de ser el principal objetivo de las fuerzas armadas de Estado Unidos; el Comando Sur se concentró cada vez más en iniciativas coercitivas de lucha contra las drogas, y los fondos para librar esa batalla fueron abundantes. Pero el cambio de comandantes es una oportunidad para que Estados Unidos revise, de una vez por todas, su doctrina regional a fin de ocuparse de otras necesidades de seguridad apremiantes.

Los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 paradójicamente reforzaron el interés del ejército de Estados Unidos en combatir a los traficantes de drogas ilícitas. Si bien otras fuerzas estadounidenses se involucraron considerablemente en la "guerra contra el terrorismo", el Comando Sur incrementó su "guerra contra las drogas", en tanto sus comandantes se concentraron en atrapar a los jefes de la industria en los Andes, México y América Central.

Eso sucedió en parte porque, luego del 11 de septiembre, América Latina era la única región del mundo que no presenció un ataque de terroristas transnacionales vinculados a Al-Qaeda, de manera que no parecía muy necesario llevar a cabo allí una actividad contraterrorista. Y, teniendo en cuenta que Estados Unidos sigue siendo el mayor mercado de drogas ilegales del mundo, el interés de sus dirigentes en la guerra contra las drogas en América Latina no parece equivocado, al menos no en la superficie.