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Las perspectivas europeas de Rusia

MOSCÚ – En 1966, la visión de Charles de Gaulle de una Europa "que se extienda desde el Atlántico hasta los Urales" era provocativa. Hoy en día, el presidente ruso Vladimir Putin ha avanzado un objetivo aún más ambicioso: “un mercado común que se extiende desde el Atlántico hasta el Pacífico”

En la carrera hacia la globalización, las apuestas son altas, tanto para Rusia y Europa. Si Rusia continúa en su curso actual, dirigiéndose a ser exclusivamente un productor de materias prima, no sólo va a ser cada vez más vulnerable a las fluctuaciones de los precios mundiales de la energía, pero su potencial científico, cultural y educativo se deteriorará aún más, y con el tiempo despojará al país de su influencia mundial.

Si Europa, por su parte, no responde a los retos del siglo XXI, se enfrentará a un estancamiento económico crónico, a un aumento de la tensión social y a inestabilidad política. De hecho, la producción industrial se traslada hacia el este de Asia y la innovación continúa ubicada en América del Norte; y, Europa corre el riesgo de perder su posición en los mercados internacionales más atractivos. Como resultado, el proyecto europeo en sí podría ser puesto en duda.

Para evitar estos resultados, Rusia y Europa deben identificar dónde convergen sus intereses, y deben trabajar para establecer una asociación mutuamente beneficiosa en esas áreas. Pero, con el fin de fomentar esta asociación, primero tienen que alterar sus percepciones negativas que tienen uno del otro y viceversa.