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La adopción asiática de la austeridad

NEW HAVEN.– El debate sobre la austeridad fue el tema del día en el Foro Económico Mundial de Davos de este año. Con buenos motivos. Europa está cayendo nuevamente en recesión justo cuando la recuperación estadounidense finalmente comienza a lograr una cierta tracción. Eso ha socavado la justificación de la consolidación fiscal, que tantos adeptos tiene en Europa.

Sin embargo, me llevé una conclusión diferente de Davos. Fui el moderador de una sesión sobre «El Nuevo Contexto en Asia del Este», a cargo de un panel de representantes de alto rango de Tailandia, Corea del Sur, Malasia, Singapur y Japón. Excepto por el participante japonés, todos tenían experiencia de primera mano en la devastadora crisis financiera asiática de fines de la década de 1990.

No pude resistir la tentación de atraer a Asia al debate entre Europa y EE. UU. En lugar de solicitar a los panelistas asiáticos que teorizaran sobre el impacto de la austeridad en el sobreendeudado occidente desarrollado, les pedí que evaluaran sus propias experiencias durante y después de la crisis de finales de la década de 1990.

Francamente, lo que escuché me sorprendió. Los panelistas estuvieron de acuerdo en dos puntos: primero, inicialmente detestaron los dolorosos programas de ajuste dictados por los términos de los así llamados rescates condicionales del Fondo Monetario Internacional (los surcoreanos aún se refieren desdeñosamente a la «Crisis del FMI» de finales de la década de 1990). En segundo lugar –y aquí viene la sorpresa– todos coincidieron en que, en retrospectiva, esos terribles ajustes valieron la pena, porque sus economías desgarradas por la crisis se vieron obligadas a abrazar reformas estructurales que prepararon el camino para su espectacular desempeño económico actual.