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La economía mundial atrapada en el tiempo

NUEVA DELHI – En la película «Atrapado en el tiempo», un meteorólogo de las noticias interpretado por Bill Murray se despierta todas las mañanas a las 6:00 para volver a vivir el mismo día. Una sensación similar de déjà vu ha invadido los pronósticos económicos desde el inicio de la crisis económica mundial, hace media década. Sin embargo, los responsables de las políticas siguen convencidos de que el modelo de crecimiento económico dominante durante los años previos a la crisis es el que mejor puede orientarlos, al menos, para el futuro cercano.

Consideremos la actualización de mediados de año de las Perspectivas de la Economía Mundial del Fondo Monetario Internacional, que vuelven a contar la misma historia cada año desde 2011: “¡Uy! La economía no funcionó tan bien como esperábamos». Los informes luego echan la culpa de las imprecisiones a factores inesperados, como el terremoto de Tōhoku y el tsunami en Japón, la incertidumbre sobre el abandono de la política monetaria expansionista en Estados Unidos, una revaloración «por única vez» del riesgo, y el duro clima en Estados Unidos.

El informe enfatiza la naturaleza temporal de estos factores e insiste en que, si bien el crecimiento del PIB mundial llegó aproximadamente al 3 % durante el primer semestre, mejorará durante el resto del año. Gracias al impulso logrado, el crecimiento finalmente alcanzará la tan ansiada meta del 4 % el próximo año. Cuando eso no ocurre, el FMI publica otra versión de las mismas afirmaciones.

Estos errores seriales en las estimaciones resaltan la necesidad de cambiar la forma de pensar. Tal vez hacer foco en los trastornos causados por la crisis financiera mundial oculta un desplazamiento natural de las economías desarrolladas hacia menores velocidades luego de años de crecimiento inflado. Además, si bien las economías emergentes también experimentan graves desaceleraciones en sus crecimientos, su participación en la economía mundial continuará aumentando. En resumen, la mayor competencia económica, la desaceleración del crecimiento y la baja inflación pueden haber llegado para quedarse.