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Al borde de una revolución de la IA

SAN FRANCISCO – Desde hace treinta años, los consumidores reciben los beneficios de enormes avances tecnológicos. En muchos países, la mayor parte de la gente lleva en sus bolsillos una computadora personal más potente que cualquier macrocomputadora de los ochenta. La Atari 800XL en la que durante la secundaria yo programaba juegos tenía un microprocesador con 3500 transistores; hoy, la computadora incluida en mi iPhone tiene dos mil millones. En aquel tiempo, un gigabyte de almacenamiento costaba 100 000 dólares y ocupaba el espacio de un refrigerador; hoy prácticamente no cuesta nada y se mide en milímetros.

Incluso con la enormidad de estos avances, es probable que veamos otros aún más veloces conforme todo el planeta (personas y cosas incluidas) se conecte. Ya hay cinco mil millones de personas con acceso a dispositivos móviles, y más de tres mil millones con acceso a Internet. En los próximos años, también se conectarán a Internet 50 mil millones de objetos (lamparillas, refrigeradores, vestidos, calles, etcétera).

Más o menos una vez por generación, varias tecnologías nuevas convergen y ocurre algo revolucionario. Por ejemplo, cuando a la madurez de Internet, la reducción del costo del ancho de banda y la compresión de archivos se le sumó el emblemático iPhone de Apple, empresas como Uber, Airbnb, YouTube, Facebook y Twitter pudieron redefinir la experiencia del cliente móvil.

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