3

Realismo frente a Corea del Norte

BERLÍN – La misión del mundo de responder al alarde de poder militar de Corea del Norte no se vuelve más sencilla por tener enfrente un país empobrecido y, en la práctica, derrotado. Por el contrario, en estas circunstancias es cuando más se necesita previsión y calma. 

La genialidad del príncipe Klemens von Metternich del Imperio de Habsburgo a la hora de formular un nuevo orden internacional después de las Guerras Napoleónicas fue que decidió no arrinconar a una Francia derrotada. Si bien Metternich intentaba disuadir cualquier posible resurgencia francesa, restableció las fronteras que Francia tenía antes de la guerra.

Por el contrario, como sostuvo Henri Kissinger, los triunfadores de la Primera Guerra Mundial no pudieron ni disuadir a una Alemania derrotada ni ofrecerle incentivos para aceptar el Tratado de Versailles. Impusieron, en cambio, términos duros, con la esperanza de debilitar a Alemania de manera permanente. Todos sabemos cómo terminó ese plan.

John F. Kennedy estaba hecho con el mismo molde de Metternich. Durante la crisis de los misiles cubanos, no intentó humillar u obtener una victoria total sobre la Unión Soviética. Más bien, se puso en los zapatos de Nikita Khrushchev y aceptó desmantelar, en secreto, los misiles norteamericanos en Turquía e Italia a cambio de un retiro de los misiles soviéticos de Cuba. El pragmatismo de Kennedy impidió la Tercera Guerra Mundial.