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Ucrania, ante otra clase de “dilema del prisionero”

WASHINGTON – La decisión más importante que aguarda a la Unión Europea en este momento es la de firmar o no un acuerdo de asociación con Ucrania en la cumbre de la UE en Vilnius que tendrá lugar los días 28 y 29 de noviembre. La cuestión depende de que el presidente de Ucrania, Víktor Yanukóvich, cumpla una condición esencial: conceder indulto a la ex primera ministra y hoy presa política Yulia Timoshenko.

El acuerdo de asociación, que abarca unas 1200 páginas, supondría la eliminación de casi todos los aranceles que aplica la UE a los productos ucranianos, hecho que, según se estima, puede suponer un incremento del 12% en el PIB del país a largo plazo. También daría inicio a un plan de reformas políticas, económicas y jurídicas en Ucrania, con el apoyo de unos sesenta organismos públicos de los países miembros de la UE.

Si bien el acuerdo de asociación no implica pertenencia automática a la Unión Europea, es un paso importante en esa dirección. Según el Tratado de Roma, Ucrania, al ser un país europeo, puede pedir su incorporación a la Unión. Pero antes, debe satisfacer los “Criterios de Copenhague”, establecidos en 1993, que estipulan las condiciones básicas de ingreso.

Para cumplir los criterios de Copenhague, un país debe poseer “instituciones estables que garanticen la democracia, el Estado de derecho, el respeto de los derechos humanos y el respeto y protección de las minorías”; garantizar la existencia de una “economía de mercado viable, así como la capacidad de hacer frente a la presión competitiva y las fuerzas del mercado”; y tener suficiente “capacidad institucional y administrativa” para adoptar y hacer cumplir la legislación de la Unión Europea y “asumir las obligaciones que se derivan de la adhesión”. Aunque a Ucrania le falta recorrer mucho camino para satisfacer estos criterios, la firma de un acuerdo de asociación facilitaría las tratativas de ingreso y al mismo tiempo crearía enormes oportunidades económicas.