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Un Sakharov Egipcio

Saad Eddin Ibrahim es el sociólogo más prominente de Egipto y el que tiene una mentalidad más independiente en la sociedad conformista gobernada por el régimen autoritario del presidente Hosni Mubarak. Durante años, el Prof. Ibrahim encabezó el Instituto Ibn-Khaldun de El Cairo, el cual dió inicio, con la promoción de la Unión Europea (UE), a una serie de estudios precursores acerca de los derechos de la mujer y de las minorías, así como de las prácticas electorales, en Egipto. En un país en el que el presidente ha sido reelecto consistentemente con 97% de los votos desde 1980, el instituto de Ibrahim es la única organización de investigación académica que se atreve a formular preguntas problemáticas acerca de la forma en la que se gobierna Egipto.

Hace dos años el Prof. Ibrahim y prácticamente todo el personal del Instituto Ibn-Khaldun fueron arrestados y enjuiciados en una Corte de Seguridad Estatal bajo cargos inventados. Las acusaciones incluían irregularidades financieras, recibir fondos de la UE sin la adecuada autorización ministerial, y "manchar la imagen de Egipto".

El Prof. Ibrahim fue sentenciado a siete años de prisión. Después de que la UE y Estados Unidos (el Prof. Ibrahim tiene la ciudadanía estadounidense pues su esposa nació allá) ejercieran presión diplomática, se le concedió un segundo juicio. Este terminó hace unos días con la reafirmación del veredicto original: siete años en prisión.

Veintisiete de los miembros del personal del Instituto también fueron sentenciados a prisión y el Instituto está ahora prácticamente destruido. Cualquier dictador, desde Saddam Hussein hasta Robert Mugabe, estaría orgulloso de tal abuso de poder. Pero puesto que al régimen de Mubarak se le considera moderado, pro Occidente y provechoso en el contexto de las relaciones entre Israel y Palestina, la respuesta de Occidente a ese y otros abusos sigue siendo silenciosa. Sin duda, el chargé d'affaires estadounidense en El Cairo expresó una mera "decepción" ante el veredicto, una respuesta que no merece siquiera ser llamada eufemismo.