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América, la hipócrita

Al conmemorar el aniversario 230 de la independencia de Estados Unidos, en julio pasado, el Presidente George W. Bush planteó que los patriotas de la Guerra Revolucionaria creían que todos los hombres son creados iguales, con derechos inalienables. Gracias a esos ideales, proclamó, Estados Unidos "sigue siendo un faro de esperanza para todos quienes sueñan en la libertad y un brillante ejemplo para el mundo de lo que un pueblo libre puede lograr".

Sin embargo, al mismo tiempo su administración retenía cerca de 400 prisioneros en la Base Naval estadounidense de Guantánamo, en Cuba. Algunos de ellos han estado allí por más de cinco años, y ninguno ha sido llevado a juicio.

El mes pasado, una fuente altamente confiable confirmó que los prisioneros de Guantánamo están sufriendo más que una detención indefinida. El FBI hizo públicos documentos que mostraban que uno de sus agentes presenció "en varias ocasiones" detenidos "encadenados de pies y manos en posición fetal en el suelo", sin una silla, agua ni comida. En tales condiciones, la mayoría se defecaba y orinaba en el mismo lugar". Eran dejados allí por 18 o 24 horas, o más.

En una de estas ocasiones, informó el agente, "habían puesto tan bajo el aire acondicionado que el detenido con los pies desnudos temblaba de frío". En otra ocasión la habitación no tenía ventilación, a una temperatura de más de 100 grados Fahrenheit, y el detenido estaba casi inconsciente sobre el suelo, con una pila de pelos junto a él: "aparentemente, se los había estado jalando durante la noche".