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La gestión de la tierra chamuscada de Estados Unidos

Las señales de la peligrosa condición de la economía norteamericana están en todas partes –desde los tediosos déficits fiscales y de cuenta corriente hasta los precios de las viviendas en caída libre y el dólar débil-. Pero hay algo que no aparece en ninguno de los indicadores económicos y que puede estar impulsándolos: el deterioro de la gestión norteamericana, que está socavando no sólo a muchas de las grandes compañías de Estados Unidos, sino también a su legendario espíritu de empresa.

Paradójicamente, un indicador que ha estado mejorando marcadamente en Estados Unidos –la productividad- puede ser la señal más clara del problema. Cuando está en juego la productividad, los gerentes o bien invierten en capacitar a los empleados, en procesos de fabricación más eficientes y cosas por el estilo, o bien toman medidas que parecen incentivar la productividad en el corto plazo pero que a la larga la erosionan.

La productividad es una medida de la producción por hora trabajada. De manera que una compañía que despide a todos sus empleados y luego entrega mercadería de su stock puede parecer muy productiva –hasta que el stock se agota-. Por supuesto, ninguna empresa puede hacer esto, pero muchas compañías norteamericanas se han estado desprendiendo de muchos trabajadores y gerentes de niveles medios –las cifras para enero de 2008 subieron 19% con respecto a un año antes.

Mientras tanto, aquellos empleados que no fueron despedidos deben trabajar mucho más, muchas veces sin una mayor compensación. Los salarios de los trabajadores, ajustados por inflación,  cayeron en 2007, lo que perpetúa una tendencia de toda esta década. Eso también es “productivo” –hasta que esta gente que trabaja en exceso se va o se agota.