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Los problemas de Estados Unidos van más allá de Wall Street

CAMBRIDGE – A menos de dos meses de las elecciones presidenciales estadounidenses, gran parte de la atención se centra en el estado de la economía del país y los retos que representará para el próximo presidente.

Nos encontramos en medio de una crisis financiera causada por la grave distorsión de los precios de todo tipo de riesgos y por el colapso de la burbuja inmobiliaria que se desarrolló en la primera mitad de esta década. Lo que comenzó como un problema con las hipotecas basura se ha propagado ahora a la generalidad de las viviendas, así como a otras clases de bienes. El problema de la vivienda está contribuyendo a la crisis financiera, lo que a su vez está reduciendo la disponibilidad de crédito necesario para sostener la actividad económica.

De hecho, la crisis financiera se ha agravado en las últimas semanas, lo que se refleja en la intervención por parte de la Reserva Federal de EE.UU. de las cuasi-estatales entidades de crédito Fannie Mae y Freddie Mac –que pueden costarle a los contribuyentes estadounidenses cientos de miles de millones de dólares-, así como la bancarrota de Lehman Brothers y la venta de Merrill Lynch. En último término, estos fracasos financieros reflejan la espiral descendente de los precios de las viviendas y el creciente número de casas con un valor patrimonial negativo, es decir, con una importante deuda hipotecaria por sobre los valores de mercado.

El valor patrimonial negativo es importante porque, por lo general, las hipotecas en los Estados Unidos son préstamos "sin recurso". Si un propietario deja de pagar, los acreedores pueden embargar la casa, pero no pueden embargar otras propiedades ni ingresos para pagar un saldo negativo. Incluso en los estados en que las hipotecas no son préstamos "sin recurso", por lo general los acreedores no apuntan a los bienes o los ingresos de las personas que no siguen pagando.