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Saddam divide a Estados Unidos y Europa

Cada vez se habla más sobre un cambio en la doctrina de defensa de los EU encaminado a permitir ataques preventivos en contra de Estados que alberguen armas de destrucción masiva. Eso provoca escalofríos en Europa, donde mucha gente lo relaciona con el deseo frecuentemente expresado de los Estados Unidos de sacar a Saddam Hussein del poder en Iraq.

Desde la Guerra del Golfo, Iraq ha sido una fuente de fricción entre los miembros permanentes occidentales en el Consejo de Seguridad de la ONU. Para finales de 1999, las divergencias eran totales: los Estados Unidos y Gran Bretaña estaban utilizando su poderío aéreo para hacer cumplir las zonas de prohibición de vuelos, mientras que Francia se unía a las abstenciones de Rusia y China sobre la resolución 1284. Dado que esa resolución, introducida por el Reino Unido, buscaba llevar el asunto de Iraq ante el Consejo de Seguridad una vez más después del retiro de los inspectores de armamento de la ONU y de los subsecuentes ataques aéreos estadounidenses en diciembre de 1998, las esperanzas de avanzar en el tema eran escasas.

Eso cambió rápidamente después del 11 de septiembre. El 14 de mayo de 2002, el Consejo de Seguridad le dio nueva vida al tambaleante régimen de sanciones al adoptar por unanimidad un procedimiento de revisiones simplificado. Incluso Iraq dio señales de que estaba considerando un posible regreso de los inspectores de armamentos de la ONU.

A primera vista esto parecería un buen augurio para las relaciones trasatlánticas. En realidad, el relajamiento actual es más probablemente la calma antes de la tormenta. La mayoría de los europeos dan por hecho que los EU atacarán Iraq, y que este acto unilateral, después de todos los demás irritantes, como el Tratado ABM, los Acuerdos de Kyoto, las tarifas al acero y la Corte Criminal Internacional, tendrá un efecto devastador sobre las relaciones trasatlánticas.