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Las odiosas deudas de África

Un efecto secundario de la ocupación británico-americana del Iraq ha sido el de precipitar el debate público sobre un obscuro secreto de las finanzas internacionales: las deudas contraídas por regímenes odiosos.

Cuando los nuevos gobernantes del Iraq están debatiendo sobre lo que se debe hacer respecto de los miles de millones de dólares en deudas externas heredadas del régimen de Sadam Husein, diversas voces -desde la sociedad benéfica Oxfam-International hasta el gurú de la defensa de los Estados Unidos Richard Perle- están pidiendo el repudio de la deuda con el argumento de que las deudas con que ahora carga el Iraq fueron contraídas para mantener un régimen corrupto y opresivo.

El Iraq no es el único país que carga con semejantes deudas. En toda el África subsahariana, muchas de las personas más pobres del mundo se debaten bajo el peso de la demoledora herencia provocada por los préstamos concedidos por unos pródigos a unos gobernantes corruptos y opresivos.

Durante sus 32 años de dictadura, el ex presidente del Congo Joseph Mobutu acumuló una fortuna personal calculada en unos 4.000 millones de dólares, mientras su gobierno contraía una deuda externa de 12.000 millones de dólares. Más de lo mismo en Angola, donde el año pasado una investigación del FMI reveló que en los cinco últimos años desaparecieron del erario de ese país 4.000 millones de dólares. Resulta que en ese período el Gobierno de Angola recibió una suma similar en préstamos de bancos privados, con lo que quedaron hipotecados, como fianza, los futuros ingresos por petróleo.