3

Elogio de la fragmentación

LONDRES – Los mercados emergentes son otra vez el centro de la atención mundial. De pronto, los inversores y los bancos ya no quieren financiar déficits de cuenta corriente con deuda a corto plazo. Sudáfrica, que está con problemas de crecimiento, tuvo que aumentar los tipos de interés para atraer el dinero que necesita. Y en el caso de Turquía, el aumento fue drástico. Parece que para estos y otros países emergentes, 2014 será un año turbulento.

Si la volatilidad llega a niveles extremos, algunos países tal vez considerarán aplicar restricciones a la salida de capitales, algo que ahora el Fondo Monetario Internacional reconoce como una herramienta útil en algunas circunstancias. Pero en realidad, la pregunta fundamental es otra: cómo gestionar el impacto de la entrada de capitales a corto plazo.

Hasta hace poco, la ortodoxia económica desestimaba por completo esta pregunta y elogiaba la liberalización financiera, que permitía al capital ir allí donde fuera más productivo y fomentar de tal modo el crecimiento nacional e internacional.

Pero la tesis de que liberalizar la cuenta de capital es favorable al crecimiento cuenta con poco respaldo empírico. Los ejemplos de desarrollo más exitosos de la historia económica (Japón y Corea del Sur) nos muestran varias décadas de crecimiento acelerado en un contexto de alta represión financiera interna y control de capitales.