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El mundo no puede esperar a ningún país

NUEVA YORK – Estados Unidos está enfrentando varios difíciles desafíos al mismo tiempo. Está la pandemia de COVID‑19, que tras cobrarse casi 120 000 vidas muestra pocos signos de retroceder en grandes áreas del país. El impacto económico ha sido devastador; en este momento hay unos 40 millones de personas sin empleo, y la Reserva Federal prevé que muchas seguirán en esa condición por mucho tiempo.

A esto se suma el estallido de protestas tras la muerte de George Floyd, un afroamericano de 46 años, a manos (o más precisamente, bajo la rodilla) de un policía en Minneapolis. Las protestas, extendidas a todo el país, han puesto de manifiesto no sólo el problema persistente del racismo profundamente arraigado en Estados Unidos, sino también el de una conducta policial que demasiadas veces es violenta y contraria a la ley que los uniformados juraron defender.

Es comprensible que la población estadounidense y sus funcionarios electos hayan concentrado toda la energía en estos desafíos internos. El problema es que mientras tanto, suceden en el mundo muchas cosas que demandan la atención de Estados Unidos y no la obtienen.

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