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Abba Eban: La voz de Israel

Durante casi dos generaciones, Abba Eban fue la voz de Israel, su mensajero ante las naciones más poderosas y al mismo tiempo ante los pueblos judíos en todo el mundo. Desde su primera aparición al lado del Dr. Chaim Weizmann a fines de los años cuarenta, durante la lucha por la soberanía y la condición de Estado de Israel, poca gente pudo articular la causa zionista, y posteriormente la israelí, con elocuencia y convicción comparables.

Con su prosa churchilliana y sus cadencias casi shakespereanas, sus frases melífluas y su sonora voz llevaron durante décadas un mensaje de esperanza a un pueblo que podría haber perdido toda la fe y la confianza en la humanidad después de los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Como embajador ante los Estados Unidos y la ONU, y después como Ministro de Asuntos Exteriores, representó a un Israel con el que la imaginación liberal del mundo se pudo identificar.

Naciones más grandes y poderosas envidiaban a un portavoz tan poderoso y sus discursos se convirtieron en modelo para estadistas y diplomáticos de tierras lejanas. Sus libros (que se dio tiempo de escribir a pesar de las agitadas exigencias de la diplomacia) fueron una combinación única de enorme erudición y claridad cristalina. Su formación académica y sus dones retóricos se complementaban mutuamente de manera poco común. En raras ocasiones un país pequeño ha estado representado por un estadista de tal talla internacional; sólo Tomás Masaryk y Jan Smuts podrían compararse con él.

Fue un verdadero patriota, en el sentido antiguo de la palabra: orgulloso de su pueblo, pero jamás etnocentrista; un hombre de mundo, pero profundamente enraizado en la herencia cultural judía; enfocado en las adversidades y tribulaciones del pueblo judío, pero sin perder de vista jamás el horizonte universal de la humanidad. En resumen, era un judío moderno en el mejor sentido de la palabra.