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Un triunfo para la “Vieja Europa”

Italia puede haber derrotado a Francia en la Copa Mundial pero la verdadera ganadora fue la “Vieja Europa” a la que alguna vez Donald Rumsfeld ridiculizara. Después de todo, ¿quién habría predicho una final del Mundial entre Francia e Italia? Parece que las selecciones nacionales de los dos “hombres enfermos de Europa” se sintieron obligadas a cambiar la imagen de sus países en el mundo.

En el caso de Italia, después de los escándalos de corrupción que por poco hunden a Il Calcio, la liga italiana de futbol de primera división, la selección nacional tenía que revaluar el juego a ojos de sus compatriotas. A nivel global, sin embargo, es como si la “Vieja Europa” hubiera decidido que era tiempo de aclarar las cosas y mostrarse más dinámica que las fuerzas emergentes del mundo.

En efecto, en el nuevo equilibrio global, en donde el futbol se ha convertido en mucho más que un deporte, Europa ha vuelto con ímpetu. Lo que ha sucedido ante nuestros ojos en las últimas cuatro semanas ha sido una versión moderna y reducida del sistema de equilibrio de poder que dominó a Europa y al mundo en los siglos XVIII y XIX.

Si el futbol y su momento cumbre, el Mundial, se ha convertido en la religión universal de la era global se debe, sobre todo, a que responde en una forma no espiritual a los instintos contradictorios de la naturaleza humana. El futbol aumenta el culto al individuo y la glorificación del héroe, pero también es una celebración del espíritu cooperativo de equipo. Más que cualquier otra actividad colectiva encauza la búsqueda de la identidad y la pertenencia que domina a nuestra era.