0

Tiempo de construir

Todo buen banquero internacional sabe que los días finales de abril no es un buen momento para andar ofreciendo sus servicios, ya que es cuando los ministros de finanzas de todo el mundo regresan a casa tras las reuniones del FMI en Washington, advertidos de que los riesgos que enfrenta la economía global podrían propagarse a sus propios patios traseros. Están demasiado ocupados recuperándose del trauma como para pensar en pagar abultados honorarios por nuevas y generosas emisiones de bonos internacionales. ¿Quién desea acumular deuda, cuando puede que haya una crisis financiera a la vuelta de la esquina? Mejor seguir invirtiendo en letras del Tesoro de EE.UU., incluso si su rentabilidad es mucho menor que la mayoría de las demás inversiones.

¿Es realmente así? Con una economía global que en la actualidad se encuentra en medio de una expansión sostenida y cada vez más equilibrada, ¿ha llegado el momento de tomar en cuenta los riesgos al alza? En particular, ¿deberían los gobiernos, especialmente aquellos que están acumulando sin cesar reservas en dólares, comenzar más bien a pensar en cómo construir sus carreteras, puentes, puertos, matrices de electricidad y demás infraestructura? ¿Habrá llegado el momento de empezar a sentar las bases del crecimiento futuro, especialmente en las regiones más pobres que aún no acceden a la prosperidad actual?

Que no se me malinterprete, no estoy argumentando a favor del libertinaje fiscal. No obstante, la relación de riesgos ha cambiado con respecto al panorama de hace algunos años. Sí, es probable que dentro de los próximos tres a cinco años haya otra recesión global. Y sí, posiblemente haya otra seguidilla de crisis financieras, quizás en Europa Central, que hoy se asemeja a Asia antes de la crisis de 1997. El nerviosismo que cundió en todo el mundo hace poco sobre el creciente déficit comercial de Islandia y sobre lo ocurrido con el ministro de finanzas de Brasil recordó a los inversionistas globales que, si bien varios mercados emergentes están avanzando gradualmente a un estatus de grado de inversión, muchos no lo han alcanzado todavía.

Sin embargo, los riesgos tienen dos caras, y una política económica tiene tanto que ver con capitalizar y aprovechar los buenos tiempos como evitar los malos. Los gurús económicos de sitios como el Banco Mundial han desarrollado una lista ridículamente larga de pasos que los países deberían dar para elevar sus índices de crecimiento (el así llamado “consenso de Washington ampliado”). Al igual como cuando uno cuida su salud, no es suficiente concentrarse en un componente aislado. No obstante, si hay un área donde existen oportunidades obvias y en que las políticas realmente pueden marcar una diferencia, esa tendría que ser la inversión en infraestructura.