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Los keynesianos perdidos de Europa

CAMBRIDGE – No existe una panacea keynesiana para las aflicciones de la zona del euro. Pero aún así, no sorprende el espectacularmente confuso argumento actual que sostiene que el exceso de austeridad está matando a Europa. Los comentaristas, consumidos por la política, atacan ferozmente a cualquier blanco disponible, mientras que las masas «antiausteridad» aparentemente creen que existen soluciones cíclicas fáciles para los problemas estructurales difíciles.

Las dificultades de la zona del euro, sostengo desde hace tiempo, derivan del excesivo avance de la integración financiera y monetaria europea respecto de su unión política, fiscal y bancaria real. Este no es un problema con el cual Keynes estuviera familiarizado y, mucho menos, uno que haya intentado resolver.

Sobre todo, cualquier estrategia realista para atender a la crisis de la zona del euro debe implicar enormes quitas (perdones) a las deudas de los países periféricos. La gigantesca deuda bancaria y gubernamental combinada de esos países –la diferencia se ha desdibujado toda Europa– ha convertido al crecimiento sostenido en un sueño.

Difícilmente sea esta la primera vez en que he enfatizado la necesidad de drásticas quitas a las deudas. Hace dos años, en un comentario llamado «La crisis de la deuda en Europa, en la encrucijada» escribí que «Europa se encuentra en una crisis constitucional. Nadie parece tener el poder de imponer una resolución razonable a la crisis de la deuda de sus países periféricos. En lugar de reestructurar la carga de deuda manifiestamente insostenible de Portugal, Irlanda y Grecia (los llamados países "PIG", por sus iniciales), los políticos y legisladores están presionando para que se adopten paquetes de rescate cada vez más grandes con condiciones de austeridad cada vez menos realistas».