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Un cuadrilátero democrático para la seguridad de Asia

TOKIO – En el verano de 2007, dirigiéndome en mi carácter de primer ministro de Japón a los miembros del Parlamento de la India, hice referencia a la “confluencia de los dos mares” (frase que extraje del título de un libro escrito en 1655 por el príncipe mogol Dara Shikoh), lo que me valió la ruidosa aprobación de los legisladores allí reunidos. Desde entonces han transcurrido cinco años, y cada vez estoy más convencido de que mis palabras de aquel momento fueron las correctas.

La paz, la estabilidad y la libre navegación en el océano Pacífico son inseparables de la paz, la estabilidad y la libre navegación en el océano Índico. Cada vez más, todo lo que suceda en una de estas regiones repercutirá necesariamente en la otra. Japón, siendo una de las democracias marítimas más antiguas de Asia, debe asumir un papel más importante en el mantenimiento del bien común en ambos océanos.

Los acontecimientos parecen indicar que el mar de China Meridional fuera camino de convertirse en un mar interno de China, análogo en opinión de los expertos a lo que fue el mar de Ojotsk para la Rusia soviética: un mar suficientemente profundo para fondear allí los submarinos de ataque armados con misiles nucleares con que cuenta el Ejército Popular de Liberación. Pronto el nuevo portaaviones de la Armada China se volverá una presencia habitual en la zona, más que suficiente para infundir miedo en los vecinos de China.

Es por eso que Japón no debe dejarse amilanar por los cotidianos intentos de coerción que ejecuta el gobierno chino en torno de las islas Senkaku en el mar de China Oriental. Es cierto que a las aguas territoriales de Japón y adyacentes no ingresaron buques de la Armada China, sino patrulleros de la guardia costera china provistos de armamento ligero. Pero que nadie se deje engañar por la aparente “delicadeza” relativa de esta acción. El objetivo de China es que estas embarcaciones se vuelvan una presencia ordinaria en la región, para así establecer como hecho consumado su jurisdicción en las aguas que rodean las islas.