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Una nueva oportunidad para Darfur

NEW BRUNSWICK, NUEVA JERSEY – Mientras se agrava la crisis en la región de Darfur en Sudán y se perpetúan las negociaciones para ponerle fin, se está generando un consenso internacional alrededor de una política "muscular" basada en la denuncia pública, en severas sanciones económicas y, cada vez más, en amenazas de fuerza militar. Ninguno de estos pasos, de manera individual o en conjunto, puede producir los objetivos que buscan sus defensores muchas veces bienintencionados. Por el contrario, amenazan con reproducir el caos que desataron este tipo de medidas en Irak y en otras partes del mundo en los últimos años.

En Estados Unidos, las voces admonitorias han estado visiblemente ausentes entre los periódicos acérrimamente liberales como The New York Times . Tanto los asesores de política exterior del Partido Demócrata como los neoconservadores han instado a que se emprendiera una "acción" contra Sudán -demandas de las que se hizo eco un grupo internacional de intelectuales y famosos que van desde Umberto Eco, Jürgen Habermas y Harold Pinter hasta Bob Geldof, George Clooney, Mia Farrow, Matt Damon, Mick Jagger y J.K. Rowling.

Mientras tanto, las tropas francesas, con el respaldo de otros miembros de la Unión Europea -principalmente Austria, Bélgica, Irlanda, Polonia, Rumania y Suecia- hoy están desplegadas por cuestiones puramente humanitarias en la República Africana Central y Chad, donde ya se han enfrentado con las fuerzas del gobierno sudanés. El Grupo de Crisis Internacional, Human Rights Watch y muchas otras organizaciones respaldan este despliegue, mientras que Save Darfur (Salven a Darfur), a pesar de autodescribirse como una "alianza apolítica conformada por más de 180 organizaciones humanitarias basadas en la fe y la defensa", en realidad ha sido esencial en la definición de la agenda política.

El intervencionismo de esta agenda es incremental: sanciones económicas más duras, demandas de que China ejerza su influencia, la creación de una "zona de prohibición de vuelo" y la fuerza militar contra el ejército sudanés. La presunción es que solamente una presión real terminará por obligar al gobierno de Sudán a abrazar la fuerza de paz de las Naciones Unidas y la Unión Africana, negociar con Occidente, desmantelar la temida milicia Janjaweed , permitirles a los refugiados de la brutal guerra civil del país regresar a sus pueblos y hacer las paces con los rebeldes del sur.